Salir a toda prisa. Sin portazo de hasta luego ni valija en mano. Llenarse de arrebato con el aire en los pulmones. Repetirse que todo llega a su tiempo. Decidirse por salir de una vez por todas y no volver atrás. Decidirse por vivir.
La esencia se pierde, la vida se va acabando, la esperanza sale volando y se van perdiendo los colores. Al final, sólo queda materia, pérdida y grisura.